PARA LA DISLEXIA… KARATE-DO

Como padres siempre se tiene la preocupación del desarrollo de sus hijos, teníamos algún tiempo notando que nuestra hija no coordinaba cuando era derecha e izquierda, con 6 años no identificaba correctamente los números y las letras las invertía (aun lo hace, pero ya lo corrige sola). Su psicopedagoga se inclinó por digrafía, después de mucho leer y leer estamos casi seguros que es dislexia, ya que su papá padece de lo mismo.

La aventura comenzó cuando mi hija quería incursionar en el mundo de los deportes de contacto; llevaba mucho tiempo diciendo “quiero practicar Karate”, hasta que en el transcurrir de los días nos unimos a la familia Ikigai con el propósito de aprender esta disciplina, mi hijo al ser espectador también quiso iniciar este caminar.

Nuestra hija empezó por aprenderse los números en japonés (mejor que los números en español), seguido de coordinar los movimientos de los brazos con las piernas, cosa que es esencial en la práctica de este arte marcial. Existen muchas anécdotas de cómo aprendió a realizar su primer kata, ya que practicaba y practicaba, pero si no estaba copiando a su hermano no lo realizaba, hasta que un día llegamos al Dojo con la sorpresa de que Samanta ya se sabía el kata, la Sensei nos explicó cómo hizo para que se lo aprendiera y la estrategia que utilizó, nos dio un gran regalo, el cual era saber que nuestra hija si podía.

Puede que no lo haga de la misma manera que los demás, ni al mismo ritmo, pero lo logró, un éxito de su Sensei y un orgullo para nosotros como padres. No importa que tome más tiempo, poco a poco y con mucha constancia, se puede lograr cualquier cosa que nos propongamos.

Nuestros hijos son cinta naranja, el Karate-Do de la JKA-SKDV no solo les ha enseñado a retarse a sí mismos y a superar obstáculos, sino que también, les sigue dando disciplina, carácter, constancia y las ganas de querer llegar más allá. Como les decimos constantemente: EL CIELO ES EL LÍMITE.

Representante Narvis Carvajal y Antonio Silva.

Padres de Samanta y Andrés Silva.
Ciudad Ojeda – Edo. Zulia.